El tipo primitivo es, a veces,
rebelde a la ley moral y al orden. Es decir, casi siempre se comporta adoptando posturas radicales.
Este fanatismo se puede llegar a extender también a la religión, determinando así su afiliación a alguna
secta. Las influencias negativas le hacen ser
arrogante,
presuntuoso, incapaz de tomarse la verdad en serio,
fantasioso,
impaciente y
susceptible.
El
Sagitario evolucionado, por el contrario, posee un acentuado
sentido de la justicia, detesta la hipocresía y es sincero incluso cuando la franqueza puede perjudicarle. Superficialmente da la impresión de falta de tacto, y es difícil que comprenda que la verdad es un don precioso que no hay que despreciar.
Muy
tolerante, desea no interferir en la forma de vivir de los demás. En el trabajo posee una
intuición grandísima, lo que explica los golpes de fortuna que con frecuencia caracterizan su vida. Actúa siempre según la propia intuición.
Generalmente, los nacidos bajo el
signo de
Sagitario son alegres y optimistas, con un verdadero
culto por la amistad, dispuestos a dar buenos consejos a todos, y poseen, además, el don tan espléndido y raro que es la discreción.
Es muy interesante observar a un nacido en
Sagitario cuando se encuentra entre los demás. Si la compañía es de su agrado se muestra
simpático; si, por el contrario, la compañía no es de su agrado se marcha o bien enmudece asumiendo un aire de ofensa.
En todos los
Sagitario se encuentra una notable tendencia a los estudios que les puedan permitir realizar obras humanitarias.
Así pues, muchas veces escogerán una profesión altruista; algunos se sienten fascinados por las ciencias sobrenaturales, como el
esoterismo y la
magia; otros tienen
religiones formadas por concepciones puramente personales, con frecuencia relacionadas con la naturaleza, hacia cuyo reino profesan un amor innato.